TRABAJAR CON EMOCIÓN: UN SECRETO MÁS
PARA SER FELIZ
Rosalía
Nalleli Pérez-Estrada
rosalia_na@hotmail.com
Artículo publicado en el Periódico Síntesis, el día 7 de agosto del 2015
Al igual que el Británico y polémico Mick
Jagger llega a sus más de 72 años festejándolo con planes de hacer otro álbum y
de seguir cantando hasta que su voz se apague, los seres humanos deberíamos de
buscar una manera de mantenernos activos con acciones trascendentes hasta que tengamos que abandonar
la tierra o fundirnos para siempre en ella, en el descanso del olvido o del
recuerdo eterno.
Para
lograr el recuerdo eterno, nuestras funciones diarias son las que marcan la
diferencia: además de que nos dan de comer, en la domesticación social, nos
caracterizan y nos hacen únicos, en nuestra profesión u oficio. Su envergadura principal
reside en que nos insertan en la sociedad, reafirman nuestra personalidad -siempre
inconclusa- y nos mantienen ilusionados por vivir en el futuro.
Nuestra
ocupación o profesión, fortuita o elegida, nos lleva a la trascendencia local o
internacional y es incluso transitoria o infinita. Y, si somos docentes, aunque no firmamos leyes
ni creamos decretos nacionales para
redirigir al mundo, sí ayudamos a crear nuevos mundos en la mente de los individuos
que trabajan con nosotros. La importancia de quien sirve a otros por medio de
la educación es tal que, si la desempeña con gusto y con pasión, se dará cuenta
que la firma, con tinta indeleble, de sus decretos y leyes trasciende cuando
logra que su ideología sea aplicada en la vida diaria de sus alumnos.
Asi,
comparando a la docencia con la trascendencia de un doctor que salva vidas,
nosotros salvamos mentes y corazones si nos desempeñamos con honestidad,
interés, respeto, entrega y pasión hacia nuestro trabajo. Por mencionar otro
caso, la importancia de nuestro quehacer docente podría ser comparada con
aquella que logra un especialista de la cirugía estética, como es el caso de
Fernando Molina Montalva, famoso cirujano Mexicano con trascendencia mundial, que
quizás no salva vidas de la muerte, pero si salva vidas de la muerte en vida,
cuando alguien, con alguna malformación congénita, se le acerca y pide su ayuda
para que se vea mejor y pueda insertarse de manera más segura en la sociedad.
Su trabajo y pasión inigualables se aprecian cuando al llegar a su consultorio
se ve entrar y salir a gente con modificaciones hechas de todo tipo y sale
feliz con el cambio. Al final de cuentas, lo que representa la felicidad para
unos, no siempre es la felicidad para otros.
Lo
mismo pasa con el docente cuando recibe a un niño con poca confianza en sí
mismo y este le ayuda a descubrir sus talentos y lo prepara para enfrentar al
mundo. Jacques Delors (1997), -en este descubrimiento de los talentos- dice que
la educación tiene la misión de permitir a todos sin excepción hacer
fructificar todos sus talentos y todas sus capacidades de creación, lo que
implica que cada uno pueda responsabilizarse de sí mismo y realizar su proyecto
personal y, en este aspecto, el proyecto
personal no necesariamente apunta a una profesión sino a la responsabilidad de
su vida misma. Consciente que no por tener una profesión triunfará en el
mundo. Su triunfo lo logra cuando descubre su verdadera vocación y la desempeña
con pasión y amor. ¿Para qué tener un médico renegado, si puede ser un
comerciante feliz? ¿Para qué crear a otro docente, si será un docente
frustrado, que sufrirá por trabajar tiempo completo, con niños o aprendizajes que
no lo llenan y refunfuñará cada que
tiene que requisitar formatos o que tiene que asistir a una capacitación; si
quizás sería más feliz regando plantas en su casa y creando un invernadero? En
este caso, la importancia del trabajo consciente de un docente es tal, que a diario
recibe joyas preciosas en bruto -de básico a posgrado- y la esencia de su trabajo radica en el bien
que hace a la gente cuando con él aprenden contenidos y a su lado desarrollan pasión
y gusto por lo que hacen en su vida; al compartir sus conocimientos conceptuales y al mismo tiempo su forma de apreciar al mundo
para insertarse eficazmente en la sociedad del conocimiento. Cualquier
profesión u ocupación puede ser tan importante y trascendente como
uno desee verla y nada puede ser menospreciado
pues surgen para la sobrevivencia, la convivencia, el servicio, la relación social y el apoyo de
los que se rodean para crear proyectos juntos. Lo más importante de escoger una
ocupación o profesión y de disfrutarla es hacer a un lado la deshumanización,
concientizar esa ocupación y aprender a
amarla. Y, si se descubre que las horas son interminables mientras se
desempeña, lo más sano sería empezar a pensar a dedicarse a otro asunto diferente para llegar a una edad madura y gozar
lo que se hace en “esa educación considerada
como un viaje interior, cuyas etapas corresponden a las de la maduración
constante de la personalidad”. Delors (1997).
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